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La Solidaridad, no conoce del miedo

La solidaridad no conoce del miedo, porque ella pura y elegante nace del amor, se despliega sin miedo para llenar los espacios de la vida misma donde es requerida. Del amor, nacen expresiones sublimes y actos loables, porque el amor es ese recurso innato que está dentro de cada ser, coexiste con el hombre en su interior para ser usado en todos los momentos de su existencia, si él voluntariamente así lo decide.

El amor es luz en la obscuridad, es fuerza, es poder, es creación, el amor es energía suprema y creadora de vida, luz y esperanza, el amor, es tangible cuando tiene el poder de transformar los días de angustia y dolor en días fáciles y llevaderos, permitiendo que la sonrisa y la fuerza que en ocasiones incomprensible brota de nuestro ser obre milagros.
El amor es un don supremo que permite entregar sin esperar recibir, ya que nace sin ego, sin apegos, sin indiferencia, y sin condiciones y en los momentos de crisis, el amor que yace innato se pone a prueba.

¿Cómo haremos para amarnos, si lo que tengo es miedo?, por donde comenzamos a responder esta pregunta si justo es en la crisis donde abundan las preocupaciones y los miedos de todo tamaño y tipo.

Las preocupaciones están latentes, cada persona vive en su mundo y en su estructura y alrededor de este, ha construido sus propias preocupaciones y calamidades, algunas grandes otras con menos efectos, pero al fin y al cabo preocupaciones que nublan la esperanza y la fe, hasta de los más íntegros servidores de Dios.

La crisis, sin importar su nombre o su apellido, es la mejor excusa que tiene todo hombre para expresar la solidaridad con todos los seres que le rodean, activar esos gestos de escucha y ayuda, participar de esa mano amiga que se extiende sin excepciones políticas, religiosas, de raza o ideología, porque la crisis invita a mirar con compasión a todos y no a unos cuantos, dejando de pensar en la individualidad y entregar felicidad a otros por medios de actos de bondad.

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